Bañada por las agitadas aguas del Atlántico, la costa vasca forma una abrupta y accidentada línea, con infranqueables acantilados, donde las montañas se unen con el mar.
Al abrigo de pequeñas bahías, ensenadas y rías, fueron formándose comunidades de mujeres y hombres que hicieron del mar su modo de vida, forjando un carácter y una cultura propia de las gentes del mar.
Diferentes yacimientos hallados en pueblos costeros constatan el primer contacto estrecho entre las poblaciones locales y el mar. En ellos se han encontrado restos óseos de peces, conchas, ostras, pinturas rupestres… que indican que el marisqueo y la pesca durante la bajamar eran actividades cotidianas en el Paleolítico. Muestra de ello son las piezas expuestas en la vitrina que han sido cedidas por el Gobierno Vasco.
Fue con la llegada de los romanos a partir del año 178 a.C., herederos de una larga tradición de navegación en el Mediterráneo, cuando los vascos conocieron la navegación de altura. La extracción del mineral de hierro y su exportación fue la principal actividad desarrollada en nuestra tierra. El mineral se canalizaba por los ríos hasta los asentamientos costeros de donde se exportaban a través de la navegación de cabotaje.
La importancia de las actividades comerciales y pesqueras de la franja costera se ve reflejada en los sellos y escudos de armas de estas villas, como los que aquí presentamos. Se tratan de reproducciones de antiguos sellos de los concejos de Bermeo, Donostia, Hondarribia y Biarritz. Una figura muy representativa en estos sellos es la ballena y su caza, una actividad que supuso una importante fuente de riqueza para muchos pueblos del litoral vasco.
Durante el otoño y el invierno, los grandes cetáceos se acercaban a nuestra costa, y aquí eran cazados. Al divisar la aparición de una ballena, los arrantzales a bordo de sus txalupas remaban para alcanzar al cetáceo y lanzar el arpón. De la ballena se aprovechaba casi todo. Pero sobre todo destacaba su grasa, que después de derretirla en hornos se obtenía el saín, utilizado para alumbrar.
Durante el siglo XVI, marinos vascos desarrollaron una industria ballenera en Terranova. Allí se desplazaban todos los años gran número de pescadores vascos hasta su prohibición en 1714, con el Tratado de Utrecht.
En la colección cartográfica se hallan algunas de las primeras representaciones históricas de la costa bizkaina. A través de ellas, podemos observar cómo fue evolucionando el conocimiento que en su tiempo se tenía de la costa bizkaina y golfo de Bizkaia.
La primera de ellas pertenece al primer atlas náutico europeo, Spieghel der Zeevaerdt (Espejo de navegantes), publicado por el piloto y cartógrafo holandés Lucas Janszoon Waghenaer. El atlas se publicó por primera vez en 1584 y fue el primero en combinar cartas náuticas y un derrotero con instrucciones para la navegación. Reúne los derroteros y puertos desde el mar Báltico hasta Cádiz, entre los que se halla ésta que describe la costa de Bizkaia.
Además, encontrarás cartas del siglo XVII, como las trazadas por los holandeses Willem Janszoon Blaeu o Johannes Van Keulen, o el inglés Robert Dudley, así como las dibujadas por la marina francesa, según planos levantados por Vicente Tofiño de San Miguel en el siglo XVIII, que nos dan cuenta de la evolución en el conocimiento de nuestro territorio.
Esta txalupa ballenera, con más de 8 metros de eslora y casi dos metros de manga, se construyó junto a su gemela en 1966, por el bilbaíno Ignacio Aldecoa. Fue un encargo de la Escuela de Náutica y Máquinas Navales de la Universidad del País Vasco, para las prácticas de su alumnado.
Su diseño es una evolución de las chalupas utilizadas tradicionalmente en la caza de la ballena, de ahí el nombre de “ballenera”. A finales del siglo XIX estas embarcaciones fueron adoptadas por las escuelas de náutica y armadas, como botes auxiliares y de servicio, para el adiestramiento de su personal. También, sirvieron para participar en varias regatas de embarcaciones clásicas.

