Orígenes

El origen del deporte del remo en Euskadi está íntimamente ligado a oficios del mar como la caza de la ballena, la pesca costera o el atoaje.
Durante la Edad Media la caza de la ballena supuso para muchos pueblos de nuestra costa la base de su economía. Al divisar la aparición de una ballena, los vigías encendían la pira a modo de señal. Rápidamente, los arrantzales corrían a sus txalupas y remaban, con toda su fuerza, para llegar al cetáceo y lanzar el arpón. El primero en hacerlo, además de conseguir el mejor provecho, podía elegir las embarcaciones que participarían en el transporte y descuartizamiento de la ballena.
Cuando las ballenas empezaron a escasear en nuestra costa, los arrantzales se dedicaron más a la pesca costera, y a bordo de traineras se adentraban en el mar para capturar, principalmente, anchoa y sardina. La competencia entre ellos era muy dura. Tan importante era alcanzar los bancos de pesca y realizar las capturas los primeros, como llegar al puerto. Para ello, había que remar fuerte y rápido. Los primeros en entrar a puerto, además de traer el pescado en mejores condiciones, obtenían los precios más altos en las subastas celebradas en las cofradías de pescadores porque el exceso de pescado reducía los precios.
Los grandes veleros precisaban ser remolcados para acceder a los puertos de Bilbao o Pasaia. La presencia del navío era avisada a toque de campana o por medio del humo de la hoguera desde las atalayas. Rápidamente, se reunían las tripulaciones y a bordo de sus txalupas, remaban tratando de ser los primeros en llegar a las proximidades del barco que tenían que remolcar. El primero en llegar era el que se hacía cargo del atoaje y el que cobraba. Era un trabajo durísimo, pero muy bien pagado, lo cual originaba una dura competencia entre las diferentes tripulaciones.

Del desafío al deporte

La dura competencia entre las embarcaciones dio lugar a las primeras confrontaciones entre tripulaciones de diferentes localidades. Estas, en su mayoría, surgían a modo de desafíos provocados por disputas o rivalidades que surgían durante las jornadas de trabajo en el mar. La cofradía de pescadores de una localidad retaba a la de otro puerto, cruzando, a menudo, grandes cantidades de dinero. A la vista del éxito que despertaban estos desafíos y del público que se agolpaba para presenciarlos, las autoridades empezaron a incluirlos en los programas de fiestas o en actos oficiales.
El dibujo de Campuzano, aquí expuesto, nos recuerda la disputa entre las tripulaciones de Pasaia San Pedro y Ondarroa el 25 de noviembre de 1888. Los primeros en alcanzar la meta en el trayecto desde Getaria a Donostia fueron los ondarrutarras, que se embolsaron unas 35.000 pesetas.
Esta imagen representa el acto de bienvenida que tuvo lugar en el puerto de Donostia a Luis Carril y su tripulación, tras vencer a la trainera de Ondarroa en 1890 con Carril como patrón. Durante la disputa las traineras recorrieron las 10 millas que separan Lekeitio de Getaria. La victoria de los donostiarras supuso un gran varapalo para muchos ondarrutarras, que según cuentan las crónicas de la época habían apostado grandes cantidades de dinero y, en algunos casos incluso más, como alguien que perdió hasta su cama.

Las regatas de reglamentan

Durante la década de 1910 las regatas de traineras empiezan a oficializarse y a reglamentarse como práctica deportiva. La distancia de la regata quedó fijada en 3 millas náuticas (5.556 m), y se definió el número de largos (2 ó 4) y ciabogas (1 ó 3) que se deben cumplir en las pruebas, así como las medidas y las características de las traineras. Aún habría que esperar varias décadas hasta alcanzar las dimensiones actuales de las traineras.
En el año 2009 las mujeres dieron el salto y empezaron a disputar la máxima categoría del remo en banco fijo: la competición con la trainera. Hasta entonces únicamente podían competir con embarcaciones menores como bateles y trainerillas.
En la pantalla táctil se explican los principios y las reglas que rigen este deporte tan arraigado en nuestra cultura.

La trainera

En el siglo XIX, con la utilización de las redes de cerco aparece la trainera, embarcación rápida y maniobrable específicamente diseñada para el arte de pesca, que contaba con redes hechas con una malla muy tupida que llamaban traina; de ahí el nombre de trainera.
Pero la incorporación de la máquina de vapor en las embarcaciones durante la década de 1910 motivó el abandono de las traineras en las actividades de pesca, y únicamente se siguieron construyendo para la competición en las regatas, motivo por el que fueron adoptando, poco a poco, líneas más estilizadas y más ligeras de peso.
Actualmente, las dimensiones de las traineras están fijadas en: 12 m de eslora, 1,72 m de manga y 0,95 m de puntal; y un peso mínimo de 200 kg. En cuanto al material, se construyen con fibra de carbono.
La trainera aquí expuesta está construida en madera y perteneció al Club de Remo Kaiku. Los paneles que la acompañan ofrecen información sobre los elementos y las partes que la componen
¿pero qué sabemos de las personas que bogan o reman en una trainera?
La tripulación de la trainera está compuesta por 13 remeros o remeras y una persona que ejerce de patrón o patrona.
Si te fijas hay varias figuras de metacrilato que representan a algunas de las personas de la tripulación: patrón o patrona, “marca” y “proel”, concretamente. La primera figura dirige la trainera, controla el rumbo y guía al resto, la segunda, que son dos, marca el ritmo de la remada, y la tercera, que puede remar en una u otra banda, dependiendo del estado del mar y del viento, ayuda en la maniobra de la ciaboga.