La Falúa del Consulado de Bilbao

Estas ante la reconstrucción de la FALÚA, la embarcación utilizada por el Consulado de Bilbao durante su época de mayor esplendor. Pero… ¿qué era y qué hacía el Consulado de Bilbao?
Creado en 1511 mediante Provisión Real de Doña Juana (“la loca”), se encargaba de regular el comercio en el puerto de Bilbao. Además, debía proyectar y ejecutar las obras en las infraestructuras viarias y portuarias, programar los estudios de navegación y formar a capitanes y pilotos. asumir
En sus actos oficiales y durante las festividades de la Villa de Bilbao, la falúa adquiría un especial protagonismo, ya que conducía a la comitiva de autoridades en su recorrido por la Ría y, además, anualmente, era utilizada en la procesión que se realizaba para ratificar la jurisdicción que el Consulado de Bilbao ostentaba sobre todo su cauce. De esta manera los priores y cónsules se dirigían habitualmente el día del Corpus hasta la Barra de Portugalete a bordo de la falúa, para arrojar la piedra con la boya, marcando simbólicamente el poder de Bilbao sobre toda la Ría. En el mismo acto se elegía al nuevo piloto de la Barra, cuya tarea consistía en vigilar y ejecutar la entrada de los barcos al Puerto de Bilbao. Pese a los litigios que la villa de Portugalete entabló contra Bilbao en defensa de sus derechos de jurisdicción, estas visitas se mantuvieron hasta finales del siglo XVIII.
En 1999 la Fundación Museo Marítimo Ría de Bilbao inició la construcción de esta falúa a cargo del modelista naval y carpintero de ribera José Luis González. Y ante la ausencia de planos originales, el proyectista naval Antón Cortázar levantó unos a partir de un óleo atribuido a Francisco Bustrín.
Aunque el Consulado de Bilbao desapareció en 1829, la falúa perduró en el tiempo. Continuó presente en la vida pública de Bilbao y la Ría hasta finales del siglo XIX.
Sube a bordo, toma asiento, y siéntete una persona importante de la época, o un cónsul o consulesa de hoy.

Casa de Contratación de Bizkaia en Brujas

Antes de la creación del Consulado, los mercaderes bilbaínos ya estaban organizados como asociación en la Cofradía del Sancti Spiritus, para defender sus intereses comerciales frente a Burgos y Portugalete, sus principales competidores. Tenían, además, presencia en las principales plazas de comercio del norte de Europa, entre ellos Brujas. Esta maqueta reproduce, precisamente, la Casa de Contratación de Bizkaia en Brujas (Bélgica) que, construida en 1489, estaba ubicada en el centro del distrito comercial de la ciudad, en una plaza que, actualmente, sigue conservando el nombre de “los vizcaínos”: “Viscayens Plaetse”.

Edificio del Consulado y vista de Bilbao

El Consulado de Bilbao tuvo su sede junto a la Iglesia de San Antón, formando lo que durante siglos fue el centro neurálgico de la villa: la Plaza Vieja o Plaza Mayor. Aquí se desarrollaba la vida urbana, política, económica y social de la villa. Era lugar de carga y descarga de mercancías y de actividades comerciales. Además de servir como mercado de abastos, la Plaza también era el lugar donde se celebraban los festejos de la villa, corridas de toros y otros actos sociales. El edificio fue derruido en 1895, años después de la desaparición del Consulado y de la construcción de la nueva sede del Ayuntamiento en el emplazamiento actual.
Acércate ahora a la maqueta de Bilbao. Si antes lo hemos visto en un grabado, ahora podemos imaginar cómo era la ciudad en la época en la que se fundó el Consulado. La maqueta se creó partiendo de la imagen del Civitates Orbis Terrarum.

Escudo del Consulado

El Escudo del Consulado encabezaba los documentos de especial relevancia de la institución. Inicialmente se utilizó el escudo de la villa de Bilbao, pero a partir de 1669 aparecería el primer escudo oficial del Consulado. El escudo aquí presente pertenece a los siglos XVII y XVIII. El emblema del Consulado tenía como motivo central un navío con las velas desplegadas. Este tema irá adaptándose a los estilos artísticos imperantes en cada momento, al tiempo que se van introduciendo banderas, armas y elementos de navegación.

Armarios del Archivo del Consulado

Estos armarios conformaban el Archivo del Consulado y en sus cajones se guardaban los documentos y legajos generados. La historia que durante siglos fue depositándose aquí, actualmente constituye los fondos documentales conservados en el Archivo Histórico de la Diputación Foral de Bizkaia.
Según consta en los documentos, este conjunto de armarios fue encargado por el Consulado en 1761 al bilbaíno Joaquín de Echeverria, maestro ensamblador; de su decoración, se encargó el pintor y dorador Ramón Villalón. Los cajones fueron recubiertos interiormente con planchas de plomo para proteger de la humedad los legajos. En las puertas interiores de los armarios se puede leer el género de libros o documentación que contenían: libros de averías, provisiones, escrituras y actos de jurisdicción... Su imponente diseño y su riqueza decorativa nos dan testimonio de la importancia que para Bilbao y Bizkaia tuvo el Consulado.
Los bancos aquí expuestos formaron parte del mobiliario de la Sala de Audiencias del Consulado. Construidos durante el siglo XVIII, algunas investigaciones atribuyen su autoría a Luis Paret y Alcázar, pintor de la corte que residió en Bilbao entre 1779 y 1785, aunque hay dudas sobre ello.

Capilla del Consulado

Otro espacio representativo del Consulado fue la capilla ubicada en la Iglesia de San Antón. En 1644 la Villa de Bilbao dotó al Consulado de una capilla, que pasaría a denominarse Nuestra Señora de La Consolación o del Consulado, lugar al que acudían, solemnemente en corporación, todos los viernes del año y en otras festividades, para celebrar sus actos religiosos, así como algunas misas votivas por el buen suceso en la navegación y para rendir homenaje a las personas que morían en la mar. En tiempo de elecciones de los cargos del Consulado, en esta capilla se celebraba la misa del Espíritu Santo.
La Talla de la Virgen de la Consolación atribuida a Pedro Alonso de los Ríos data de 1699, y aunque tras su retirada de San Antón la imagen estuvo perdida durante un tiempo, reapareció en la década de 1960 en una colección particular y fue adquirida por la Cámara de Comercio bilbaína, que, a su vez, la cedió en depósito al Museo Vasco de Bilbao, hasta su traslado a Itsasmuseum.

Corredor de Columnas del Consulado, de Manuel Losada

Este cuadro pintado por el bilbaíno Manuel Losada hacia 1920, recrea una vista del interior de la sede del Consulado de Bilbao, concretamente, del corredor de columnas de la casa. Posiblemente sea la única imagen que exista del interior del Consulado.

Bilbao Mirror

Este tipo de espejo del siglo XVIII de estilo neoclásico se conoce en el mercado internacional de las antigüedades como Bilbao Mirror. Su denominación parece hacer referencia a la ciudad de Bilbao, donde, al parecer, se fabricaban o comercializaban y donde se cree que eran adquiridos por extranjeros que recalaban en Bilbao. Se conocen varios ejemplares en colecciones particulares en Nueva Inglaterra, Estados Unidos, y también en el Minneapolis Institute of Arts.
La característica de estos espejos, que los define y diferencia, son las columnas de mármol de color salmón a cada lado del marco y los adornos cimeros, habitualmente rematados por un jarrón central. Este espejo ofrece además una particularidad que es la pintura al óleo que presenta bajo la cimera.

CASETONES del Palacio Arana

Este conjunto formado por 9 piezas, conocidas como casetones, procede del Palacio Arana de Bilbao (coetáneo del Consulado de Bilbao). Residencia de la familia Arana, la vivienda fue erigida en el Casco Viejo de Bilbao entre finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII.
Las tabicas, tablas de madera de castaño de forma rectangular y policromadas con pintura de temple a la cola, reproducen escenas relacionadas con el mar y el comercio marítimo: naos, batallas navales, constructores navales, etc. Además de este conjunto que presentamos aquí, la colección completa de casetones del Palacio Arana incorpora escenas de la vida cotidiana relacionadas con la música, la danza y la caza, entre otras, que se van alternando con escudos del linaje familiar de la casa de procedencia.
Estos casetones formaban parte del artesonado del techo de la planta noble y de algunas cámaras de la segunda planta del palacio, tenían una función decorativa.
Entre el conjunto expuesto de tabicas o casetones, merece una mención especial la tabla que reproduce la imagen de la falúa del Consulado. Esta imagen podría considerarse como una de las representaciones más antiguas que se conservan de la falúa.

Mural para el petrolero BILBAO, de Jose María Ucelay

Esta obra de gran formato fue pintada por el artista vasco José María de Ucelay en 1962. Fue un encargo de la Naviera Vizcaína para decorar la Cámara de Oficiales del petrolero Bilbao, botado el mismo año en 1962. El cuadro nunca llegó a colocarse en el buque. Su destino final fue la sede de la propia naviera. El buque Bilbao y su gemelo Guernica, construidos ambos en los astilleros de El Ferrol, fueron los más grandes de su época, con propulsión de turbinas de vapor. El tema general de la obra es la historia de la navegación bilbaína, reproduciendo diversas escenas relacionadas con el puerto, el comercio marítimo, los astilleros, etc. con el Nervión de fondo.

Ordenanzas del Consulado de 1737

El Consulado contó con el privilegio de redactar sus propias ordenanzas que, una vez aprobadas por el Rey, eran obligatorias para todos aquellos que estaban bajo su jurisdicción. En ellas se regulaban todos los aspectos de su competencia: comercio, navegación, justicia, elección de cargos, etc. Este cuerpo normativo fue evolucionando y perfeccionándose con el paso del tiempo.
Las Nuevas Ordenanzas de 1737 son el punto culminante de este proceso. En vigor hasta la aprobación del Código de Comercio Español de 1829, estas ordenanzas tuvieron una enorme influencia en el derecho mercantil de la época, incluso después de su abolición. Reimpresas en numerosas ocasiones, fueron adoptadas por muchos países latinoamericanos a lo largo del siglo XIX, siendo también fuente de inspiración para el actual Código de Comercio Español.
Tras más de 3 siglos ordenando la navegación y la actividad comercial Bilbao, en 1829 desaparecía el Consulado de Bilbao.