Esta sala es también un escape room. Si las cortinas están recogidas quiere decir que no hay sesión y puedes pasar a la sala, sentarte en los toneles y reponer fuerzas en una atmósfera muy estimulante. Observarás que te rodean tres escenografías: la primera representa el Muelle del Arenal, la segunda el mercado de San Antón y la tercera, el Consulado de Bilbao, del que ya hemos hablado.
Durante el siglo XVI, el Muelle del Arenal fue uno de los enclaves portuarios más importantes de Bilbao, y, por lo tanto, de Bizkaia. A mediados del siglo XVI, el comercio de la lana castellana adquirió mucha importancia. Se cargaban grandes fardos y sacas con destino a Flandes e Inglaterra. Y provenientes de Inglaterra, Flandes y Nantes, se descargaban en Bilbao paños, gasas, lienzos y telas de lujo, que más tarde se distribuían a Castilla y América. El puerto de Bilbao se convirtió también en el principal puerto exportador del hierro bizkaino hacia los mercados europeos y América.
El mercado de San Antón fue el lugar de redistribución y compraventa de mercancías exportadas e importadas de Bilbao. Disponía de muelles para embarcaciones de pequeño tamaño, que trasladaban las mercancías a los navíos de mayor porte atracados en la Ría aguas abajo. El Consistorio se encargaba de regular su actividad y de controlar los precios, pesos y medidas.
Las mujeres vendedoras eran las protagonistas del mercado, que se celebraba diariamente por la mañana y por la tarde. Las esposas de los mercaderes vendían las telas importadas por sus maridos y las mujeres de los artesanos, vendían lo que fabricaban los suyos. Las solteras o viudas se dedicaban a comprar al grueso para revender por menudo, eran las llamadas regateras. El euskera era el idioma predominante. También se hablaba castellano y francés, lengua que muchas regateras y vendedoras conocían.

